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El desafío de alcanzar una buena convivencia
escolar |
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Cada
vez se torna más compleja la convivencia escolar, producto de los cambios
radicales que experimenta la propia sociedad, donde los menores cada vez
son más inquietos, donde los padres se tornan más sobreprotectores, y
donde los profesores cada vez poseen menos atribuciones para reprender a
aquellos alumnos que sobrepasan los límites de conducta y respeto.
Es
cierto que en este proceso, no pueden intervenir sólo los profesores y
alumnos, y que necesariamente deben participar todos los actores de la
comunidad, incluyendo padres, organizaciones comunitarias, iglesias y
entidades que busquen la armonía. Pero también es necesario realizar un
ordenamiento y valorización de las atribuciones que tiene cada ciudadano
de acuerdo a su rol que ocupa en nuestra sociedad, porque si no se
establecen prioridades se provocará un caos que terminará por convertir
las relaciones humanas en un conflicto permanente.
Uno
de los problemas más notorios que hasta la fecha no tienen solución, es
la pérdida de autoridad que sufre el profesorado en la conducción y
formación de educandos, tanto por visiones más permisivas de los propios
docentes, como por la falta de un respaldo más decidido desde la cópula
educativa.
Esta
situación es percibida por los alumnos, que ven en el propio sistema más
el aval de sus apoderados, que hoy tienen más derechos que
responsabilidades.
Creemos
que ese es uno de los graves errores que está afectando que las
relaciones escolares se hagan más complejas y menos estables. Hay que
sumar a ello situaciones de mayor estrés, más exigencias académicas,
hogares conflictivos y competitividad entre sus pares.
Por
esta razón, respaldamos la iniciativa de llamar al diálogo y la
comprensión, considerando lo complejo que es en la actualidad educar.
Padres,
profesores, alumnos y organizaciones de desarrollo humano, debieran
emprender la tarea de conseguir una integración en cada sistema
educativo, erradicando todo síntoma de conflicto, para que realmente
puedan romperse esas barreras de división que impiden un buen accionar en
el sistema educativo actual.
Creemos
que la tarea última es conseguir una unidad entre la formación valórica
y el conocimiento, de tal modo que no sólo formemos estudiantes llenos de
información pero carentes de afectividad, lealtal, unidad y una serie de
valores que permiten alcanzar un comportamiento humano racional.
Nos
sumamos a la tarea de incentivar los Consejos Escolares, no como una acción
burocrática, sino para alcanzar realmente una convivencia armónica, para
dar más atribuciones a los profesores, para dar más garantías a los
estudiantes y para asegurar un clima de bienestar en los establecimientos
educativos.
La
propuesta está hecha, pero para hacerla efectiva es necesario una
disposición que debe surgir de la voluntad de las personas, para alcanzar
un clima que nos permita, al menos, aceptarnos y respetarnos como
personas.
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